
Abril y mayo tienen algo especial.
En el calendario parecen meses normales… hasta que empiezas a mirar los festivos.
Un día suelto por aquí, un puente por allá, alguien que se coge “solo dos días”… que casualmente convierten la semana en otra cosa completamente distinta.
Y de repente, ese proyecto que iba bien empieza a tener huecos.
“Esta semana no está Marta.”
“El lunes no contamos con el equipo de cliente.”
“El jueves mejor no avanzar eso porque falta quien tiene que validarlo.”
Y sin darte cuenta, tu planificación empieza a parecer un queso Gruyère. Llena de agujeros.
Lo interesante es que, sobre el papel, todo sigue igual:
Pero la capacidad real del equipo ya no es la misma.
Y ahí es cuando empiezan los pequeños malabarismos.
Porque claro, cuando vuelve la gente, no vuelven los días.
Y entonces llega ese momento tan reconocible: todo el mundo está otra vez disponible, pero el proyecto ya no está donde debería. Hay decisiones a medias, temas bloqueados, cosas que “se iban a ver después de festivos”… y que ahora son urgentes.
Y nadie diría que el problema empezó con algo tan inocente como un par de días libres.
Lo curioso es que esto no suele pillarnos por sorpresa. Sabemos que viene, todos vemos el calendario. Sin embargo, seguimos planificando como si esas semanas fueran “normales”.
Como si el equipo estuviera completo. Como si las dependencias no importaran tanto. Como si todo fuera a encajar igual.
Hasta que deja de encajar.
Y en ese punto, gestionar el proyecto se parece mucho a cuadrar una agenda imposible, encajando piezas que ya no encajan, tomando decisiones con información incompleta y asumiendo que hay cosas que, simplemente, no van a salir como estaban pensadas.
Y no se trata de evitar los festivos, ni de resignarse a que “en estas fechas siempre pasa”. Igual tiene más que ver con aceptar que no todas las semanas son iguales, y que planificar como si lo fueran tiene consecuencias bastante predecibles. Porque al final, no es que falte gente, sino que cambia completamente cómo fluye el trabajo.
Y eso, si no lo tenemos en cuenta, se nota.
¿Te ha pasado? ¿Eres de los que planifica igual… o de los que ya mira el calendario con otros ojos en estas fechas?
Escríbenos